MILAGROS

     
Los milagros de Jesús registrados en el Nuevo Testamento son más que maravillas: son señales. Él los realizo para exhortar a hombres y mujeres a que creyesen en Él para vida eterna. Sanó a un paralítico para afirmar su derecho a perdonar pecados. Alimentó a miles de personas con el almuerzo de un muchacho, preparando así el escenario para afirmar que era el «Pan de vida». Caminó sobre el agua, calmó mares embravecidos, sanó a los enfermos, restauró manos y piernas paralizadas, dio vista a los ciegos y oído a los sordos, y hasta resucitó de los muertos a un hombre embalsamado de nombre Lázaro. Una de las razones por las que Jesús hizo milagros fue para apoyar su afirmación de que era Dios. El apóstol Juan escribió: «Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre» (Juan 20:30,31)
     
 

 
 

Bodas de Cana

 

 El transformo el agua en vino (Juan 2:1-11)

 El sano el hijo de un oficial del rey (Juan 4:46-47)

 La pesca milagrosa (Lucas 5:1-11)

 Reprendió un espíritu inmundo (Marcos 1:23-28)

 El sana la suegra de Pedro de fiebre (Marcos 1:30-31)

 El sano a un leproso (Marcos 1:40-45)

 El sano el sirviente del centurión (Mateo 8:5-13)

 El resucitó el hijo de la viuda (Lucas 7:11-18)

 El calmo la tormenta (Mateo 8:23-27)

 El sano a dos poseídos por el demonio (Mateo 8:28-34)

 El sana a un paralítico (Mateo 9:1-8)

 El resucita la hija de Jairo (Mateo 9:18-26)

 Sana la mujer del flujo de sangre (Lucas 8:43-48)

 El sana la vista de dos ciegos (Mateo 9:27-31)

 Un mudo habla (Mateo 9:32-33)

 El paralítico de Betesdá, es sanado (Juan 5:1-9)

 El restaura un hombre de una mano seca (Mateo 12:10-13)

 El sano a un hombre con un espíritu inmundo (Mateo 12:22)

 El alimento cinco-mil hombres sin contar mujeres , ni niños (Mateo 14:15-21)

 El sano la hija de la mujer cananea de un demonio (Mateo 15:22-28)

 El sano a un sordomudo (Marcos 7:31-37)

 El alimento a cuatro mil hombres, sin contar mujeres y niños (Mateo 15:32-39)

 El sano a un ciego (Marcos 8:22-26)

 El sano un muchacho lunático (Mateo 17:14-21)

 El sano a un hombre ciego de nacimiento (Juan 11:1-38)

 El sano la mujer que padecía de espíritu de enfermedad por dieciocho años (Lucas 13:10)

 El sano a un hidrópico (Lucas 14:1-4)

 El sano a diez leprosos (Lucas 17:11-19)

 El resucito a Lázaro de los muertos (Juan 11:1-46)

 El abrió los ojos de dos hombres ciegos (Mateo 20:30-34)

 El causo que la higuera estéril se secara (Mateo 21:18-22)

 El restaura el oído del siervo del sacerdote (Lucas 22:50,51)

 La segunda gran pesca (Juan 21:1-14)

 

     
 

 
 

Resurrección

 

 

Jesucristo había dicho muchas veces: Si no creéis en mis palabras, creed en mis obras ; Mis obras dan testimonio de Mí ; Si no hubiera hecho entre ellos obras tales, cuales ningún otro ha hecho, no tendrían culpa .

Jesucristo aludía a los milagros que hacía para que creyésemos en Él .

Jesucristo hacía los milagros en nombre propio. Le dice al viento: Yo te lo digo, párate; y el viento se para. Y al mar: Yo te lo digo, cálmate; y el mar se calma. Y al paralítico: Yo te lo digo, levántate ; y el paralítico se levanta . Jesucristo hacía siempre los milagros en nombre propio: Yo te lo digo. En cambio San Pedro los hacía en nombre de Jesucristo .

El milagro es una obra, un hecho visible y perceptible por los sentidos, que supera las fuerzas de la Naturaleza ; y que se hace por Dios, bien directamente, bien por medio de los ángeles o de los hombres.

Dios hace milagros siempre con un fin bueno: como un signo de salvación .

El milagro es el sello de Dios. Todo lo que lleva el sello del milagro es verdad, porque Dios no puede respaldar con su autoridad una mentira.

La fuerza del milagro está en que Dios es el único que puede cambiar las leyes de la Naturaleza, y en que Él es la Suma Verdad. Por lo tanto el milagro realizado para confirmar una afirmación de labios humanos, es una aprobación de Dios a la afirmación del hombre; y Dios no puede aprobar el error ni la mentira.

Los milagros ayudan la fe, pero no la fuerzan, pues el acto de fe debe ser libre. Si no, no sería meritorio. La fe trasciende las razones, pero es razonable. Si la fe no fuera razonable los creyentes seríamos estúpidos (ver n 3, 8).

No son milagros los hechos extraordinarios que provienen de ciertas habilidades de los hombres o de intervenciones del demonio.

No es lo mismo milagro que prodigio. Un prodigio puede ser obra de un prestidigitador o un fenómeno parapsicológico. Un prestidigitador que saca palomas de la manga, o un radiestesista encontrando manantiales de agua no tienen nada de milagroso. Se trata de trucos, habilidades, cualidades excepcionales. Pero nada de esto supera las leyes de la Naturaleza. El milagro es un rompimiento de las leyes de la Naturaleza, y en un contexto religioso .

Dios puede cambiar las leyes de la Naturaleza, que son obra suya. Pero Dios no puede hacer un círculo cuadrado, pues esto es absurdo, y Dios no hace absurdos .

Hay fenómenos que todavía no conocemos bien , como la radiestesia, la telepatía, la telergia, la telequinesia, la precognición, etc. Aunque hay un constante rechazo por la totalidad del mundo científico de todas las afirmaciones de la Parapsicología acerca de la capacidad de influir en la materia por medios subjetivos; tanto en la predicción de resultados aleatorios como en la telequinesia.

Pero el milagro es algo que sabemos supera las fuerzas de la Naturaleza: como resucitar a un muerto de cuatro días que ya está en estado de putrefacción. Quizás no sepamos hasta dónde puedan llegar, en algunos casos, las leyes de la Naturaleza. Pero hay cosas que ciertamente comprendemos que la Naturaleza no puede hacer : un hombre tan alto que toque la Luna con su mano, obtener oro uniendo hidrógeno y oxígeno, o sacar rosas sembrando un grano de trigo.

Hay cosas que superan evidentemente las posibilidades de los hombres, como dijo Rabindranath Tagore, Premio Nóbel0 de Literatura: Tú puedes apagar de un soplo una vela; pero es imposible apagar el Sol a fuerza de soplidos . Un cerdo, por mucho que se le entrene, nunca podrá competir con un caballo de carreras; a lo más llegará a ser un cerdo veloz.

Hoy la ciencia médica obtiene curaciones estupendas, pero valiéndose de medios adecuados, con frecuencia complicados y largos. En esto no hay prodigio, sino técnica y uso inteligente de medios proporcionados al fin. Pero si un hombre cura a un ciego, o aun leproso, con una simple palabra entonces la ciencia y la razón quedan eliminadas, y es preciso buscar la causa del hecho fuera de las leyes y los medios naturales .

Algunas personas se resisten a creer en los milagros de Jesucristo . Niegan el milagro porque dicen que eso es imposible. Pero esta negación no tiene valor ninguno. Si se prueba que son hechos reales, hay que darles alguna explicación. Las curaciones de las enfermedades quieren atribuirlas a procedimientos ocultos y desconocidos; y cuando esto les resulta demasiado absurdo, entonces se limitan a negar tranquilamente el hecho. Este procedimiento es muy cómodo, pero resulta poco científico.

La fuerza de Jesucristo está en que confirmó su doctrina con milagros que nos consta se realizaron por la historicidad de los Evangelios, y que por exceder a todo poder humano son una confirmación divina.

Una vez admitida la actividad taumatúrgica como un dato indudable de la vida de Cristo , no hay fundamento para hacer una selección entre los milagros de los Evangelios, admitiendo unos como históricos y rechazando otros como legendarios... De la historicidad de los milagros, no puede dudarse .

La mejor fuente histórica es lo que dijeron del hecho contemporáneos que lo vieron o lo oyeron, quienes fueron testigos. Pues bien, los milagros de Jesucristo nos los refieren quienes los vieron con sus propios ojos y murieron por defender la verdad de lo que decían.

Dice San Juan : Lo que mis ojos vieron y oyeron mis oídos, de esto doy testimonio . Incluso los mismos enemigos de Jesús no podían negar los hechos milagrosos que Jesús hacía, y por eso los atribuían a Satanás . Incluso deciden matarlo porque: Este hombre hace muchos milagros. Si lo dejamos, todos creerán en él . Y el mismo San Pedro en su discurso de Jerusalén, el día de Pentecostés, dijo: Israelitas, escuchadme: Dios acreditó entre vosotros a Jesús el Nazareno con los milagros que hizo.

 

Jorge Loring